Una dirección para cada conexión
Igual que una carta necesita una dirección postal para llegar a su destino, cada paquete de datos que viaja por Internet necesita una dirección IP (Internet Protocol) de origen y otra de destino. Es el número que identifica tu conexión en la red y permite que las respuestas —una página web, un vídeo, un mensaje— vuelvan hasta ti.
IP pública e IP privada
En tu casa conviven dos mundos. Hacia dentro, tu router reparte IP privadas (como 192.168.1.20) a cada dispositivo: el móvil, el portátil, la tele. Hacia fuera, todos ellos comparten una única IP pública, que es la que ven los sitios web que visitas. Cuando consultas cuál es tu IP, ves esa dirección pública.
IPv4 e IPv6
Existen dos formatos. IPv4 usa cuatro números separados por puntos (190.85.12.34) y, al haberse agotado, ya no basta para todos los dispositivos del mundo. IPv6 es su sucesor: direcciones mucho más largas en formato hexadecimal que ofrecen una cantidad prácticamente ilimitada. Lo vemos en detalle en IPv4 vs IPv6.
¿Qué revela tu IP y qué no?
Tu IP permite estimar el país, la región y a veces la ciudad, además del proveedor de Internet que la anuncia (su ASN). No revela tu nombre, tu dirección postal ni el contenido de tu tráfico. La geolocalización es orientativa: puedes comprobar su precisión geolocalizando tu propia IP.