Dos formatos, un mismo objetivo
Ambos protocolos hacen lo mismo: dar una dirección única a cada conexión para que los datos encuentren su destino. La diferencia está en cuántas direcciones permiten y cómo se escriben.
IPv4: sencillo pero agotado
Una dirección IPv4 son cuatro números de 0 a 255 separados por puntos, como 190.85.12.34. Permite unos 4.300 millones de direcciones, que parecían muchas en los años 80 pero se agotaron con la explosión de móviles, servidores y dispositivos conectados. Para estirarlas se usan técnicas como el NAT, que comparte una IP pública entre muchos dispositivos.
IPv6: espacio para todo
Una dirección IPv6 es mucho más larga y se escribe en hexadecimal, como 2001:0db8:85a3::8a2e:0370:7334. Ofrece una cantidad de direcciones tan enorme que, en la práctica, es inagotable. Además simplifica la autoconfiguración y elimina la necesidad de NAT, dando a cada dispositivo su propia dirección.
Por qué conviven
Migrar todo Internet a la vez es imposible, así que la mayoría de las conexiones funcionan en doble pila: usan IPv6 cuando el destino lo admite y IPv4 con el resto. Por eso puedes tener ambas a la vez. Comprueba cuál usa tu conexión viendo cuál es tu IP.